Que Theo Angelopoulos haya muerto atropellado por la moto de un policía en Atenas es una cruel ironía del destino. Porque el cineasta griego, Palma de Oro en Cannes en 1998 con La eternidad y un día, era uno de los líderes del cine pausado, de que la acción transcurriera parsimoniosamente delante de la cámara, como en algunos de los más bellos momentos de La mirada de Ulises (1995), su trabajo más conocido en España. Y de un policía, además, él, que sufrió la dictadura militar para bien y para mal: para mal, porque cerró el periódico en el que trabajaba; para bien, porque eso le impulsó a hacer cine. Angelopoulos, de 76 años, fue atropellado por una motocicleta cuando cruzaba una calle en el barrio de Kératsini, en Atenas.

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