Eso era todo: un libro, un folio, unos apuntes. Esas y sus manos abiertas y alzadas son el arsenal de armas que este martes exhibieron los miles de ciudadanos, muchos sin hijos ya en edad de estudiar, que acudieron a la manifestación de Valencia para solidarizarse y proteger a los estudiantes de las desproporcionadas cargas policiales. Entre los miles de concentrados, no hubo terroristas ni pasamontañas, ni contenedores quemados. Ni detenidos. Tampoco hubo policía. Solo una indignación generalizada por la criminalización que se ha hecho de los estudiantes valencianos desde la Delegación del Gobierno y la Jefatura Superior de Policía de la Comunidad Valenciana y que se expandió con fuerza desde todas las esquinas del céntrico instituto público Lluís Vives, epicentro de las protestas, durante toda marcha. Los valencianos piden la libertad sin cargos de todos los detenidos: 43 estudiantes en total desde el miércoles que fueron liberados, aunque doce de ellos con cargos.

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